No es cierto que las personas mayores estén más tristes o
sean más infelices. Es un mito que debemos desterrar.
Lo que es verdad es que las personas de la tercera edad
han vivido más experiencias, buenas y malas, que les hacen ver la vida desde
una perspectiva más sosegada.
No obstante, aparte de situaciones de duelo, muy
frecuentes en edades avanzadas, y que suelen ser especialmente duras cuando un
padre sobrevive a un hijo, la soledad, la falta de expectativas personales, el
abandono o el aislamiento puede sumir a personas mayores en un estado de
abatimiento.
No hay que olvidar que la tercera edad es una etapa en la
que la persona tiene mucho que ofrecer, pequeñas ayudas a los miembros más
jóvenes de sus familias, disfrutar de su compañía, hablar con vecinas o amigas,
realizar pequeñas actividades de ocio...
Cuando la persona mayor cae en un estado de tristeza y
falta de esperanza, o por el contrario se muestra especialmente irritable,
sería conveniente una evaluación psicológica para determinar su estado anímico
y poder darle pequeñas orientaciones para reestructurar su tiempo, y en algunos
casos, para realizar la evaluación psicológica pertinente para averiguar si
puede estar iniciándose algún tipo de proceso degenerativo.

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