Déficit de visión y de audición: al menos una vez al año debe acudir al oftalmólogo para someterse a un control que incluya un examen de su agudeza visual y de la tensión ocular. Con ello se detectan los errores en la graduación de la vista, el glaucoma (tensión en los ojos), las cataratas (opacidad del cristalino) o la degeneración macular (alteración del centro de la visión de la retina). Todas estas alteraciones disponen de tratamiento con el que se puede evitar la dependencia que puede producir una mala visión. En cuanto al oído, si usted detecta cualquier pérdida de audición, visite al médico. Si éste le prescribe un audífono, no dude en ponérselo porque, aunque sea una persona mayor, se puede adaptar a él perfectamente. En la actualidad estos aparatos son pequeños y discretos y apenas se notan.
Cáncer: la edad no es nunca una contraindicación para tratar un cáncer. Sí lo es su extensión, por lo que es muy importante un diagnóstico precoz cuando todavía no está extendido.
Cáncer de mama: se recomienda una mamografía cada dos años hasta los 70 años.
Cáncer del cuello uterino: se recomienda una citología anual hasta los 65 años. Si los resultados han sido normales, no son necesarios nuevos controles.
Cáncer de colon: se recomienda un análisis anual de una muestra de sangre oculta en heces.
No se recomiendan otras intervenciones precoces para el resto de cánceres, excepto:
Cáncer de próstata: algunas asociaciones científicas recomiendan para el varón realizar una vez al año un tacto rectal junto con un análisis de sangre del antígeno específico de próstata entre las edades de 50 a 69 años. Pasada esta edad no se recomiendan dichas exploraciones.
Cáncer de piel: algunas asociaciones científicas aconsejan la exploración anual de la piel de las personas mayores. Cualquier cambio que usted observe en su piel relacionada con el aumento del tamaño o del color de los lunares, ulceraciones o tumoraciones debe acudir inmediatamente al médico.
Depresión: la depresión necesita en el caso de las personas mayores un diagnóstico y tratamiento lo más temprano posible para evitar sus consecuencias. Si presenta antecedentes de depresiones, de pérdida reciente de algún familiar querido o trastornos importantes del sueño, tiene un riesgo significativo de desarrollar una depresión. Si usted responde “sí” a la pregunta directa de “¿está usted deprimido/a?”, acuda a su médico.
Demencia: la edad avanzada no tiene por qué estar vinculada a una pérdida de la memoria y, lo que es más importante, no tiene por qué acarrear una pérdida de autonomía en actividades instrumentales de la vida diaria como saber comprar, manejar el teléfono, utilizar el dinero, manejar la medicación o, sin ir más lejos, orientarse en la calle o con el uso de los transportes públicos. Si presenta algún tipo de alteración de la memoria o algún tipo de problema en relación con las actividades descritas, acuda a su médico.
Pérdida funcional: cumplir años no es sinónimo de que usted pierda la capacidad de andar, tenga incontinencia de esfínteres, no se pueda vestir, no se pueda asear o bien no pueda realizar las actividades descritas en el apartado anterior. Ante cualquier pérdida funcional acuda a su médico y tenga presente que si ésta se produce no es a causa de la edad. Siempre existe una causa subyacente que es necesario conocer cuanto antes porque cuanto más tiempo pase incapacitado más difícil será su recuperación.
Vacuna de la gripe: todas las personas mayores de 65 años deben vacunarse anualmente contra la gripe. La época del año apropiada es de octubre a mediados de noviembre.
Vacuna neumocócica: todas las personas mayores de 65 años deben vacunarse al menos una vez en su vida de la vacuna neumocócica, que previene las infecciones pulmonares del neumococo, es decir de las neumonías. La vacuna se administra en cualquier época del año por vía intramuscular y, al igual que la vacuna de la gripe, no produce apenas efectos secundarios.
Vacuna antitetánica: es necesario que todas las personas mayores de 65 años estén correctamente vacunadas del tétanos. Si usted ha seguido las vacunaciones periódicas durante su vida, siga y vacúnese cada 10 años con la dosis de recuerdo. Si usted no ha seguido esas vacunaciones, que es lo más frecuente, debe acudir a su médico para que le aplique la vacuna, cuyo efecto se mantendrá con una dosis de recuerdo cada 10 años.
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