Los abuelos ocupan
un lugar destacado en la vida de los niños. Según el psiquiatra
infantil Kornhaber, "para un niño, sólo los padres está por
encima de los abuelos en la jerarquía del afecto".
Los abuelos son
como "libros vivientes y archivos de la familia", dice Kornhaber.
Transmiten experiencia a sus nietos y les inculcan valores.
Esta función es especialmente importante en la actualidad,
ya que, al pertenecer a una generación en que había menos
divorcios y más familias numerosas, los abuelos están en condiciones
de "ayudar a los padres y a los nietos a comprender principios
hoy olvidados con demasiada frecuencia, y sin embargo esenciales
para una buena vida familiar. En palabras de un periodista
"se aprende más de diez abuelos que de diez expertos en temas
familiares."
En particular, los
abuelos pueden ser excelentes transmisores de la herencia
religiosa. Para los niños, los abuelos son símbolos vivientes
de la tradición y de las trascendencia.
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