Por desgracia, las
nuevas tendencias sociales y familiares privan a muchos niños
de los abuelos. En primer lugar, a causa de la brusca caída
de la fertilidad, un gran número de personas mayores tienen
pocos nietos o ninguno. Se prevé que en el año 2000 habrá
en Estados Unidos más mayores de 55 años que niños menores
de 14, lo que supondrá un desequilibrio demográfico sin precedentes.
Y se observa que los hijos únicos -muy frecuentes ahora- suelen
tener a su vez un solo hijo. En opinión de algunos estudiosos,
esta escasez de nietos puede tener efectos educativos perjudiciales,
al provocar en los abuelos demasiada competencia por el afecto
y la atención de los niños.
El problema se complica
con el divorcio. Cuando los padres se separan, los niños pierden
dos abuelos, generalmente paternos, ya que suele ser la madre
la que se queda con los hijos. Para la madre divorciada, la
ruptura con el marido lleva naturalmente a cortar la relación
con los suegros, como parte de su deseo de enterrar los antiguos
vínculos. Así, es frecuente que la madre impida que los padres
del ex marido visiten a sus nietos. Lo que resulta doloroso
para los abuelos paternos y para los niños, que siguen ligados
con lazos de sangre y por tanto no en las cosas del mismo
modo.
Esto ha provocado
que en Estados Unidos algunos abuelos acudan a los tribunales
para que se les otorgue el derecho de visitar a sus nietos.
Es ilustrativo de las situaciones paradójicas y los quebraderos
de cabeza a los que conduce el divorcio. Por un lado, el mantenimiento
de la relación abuelos-nietos es natural. Por otro, la pura
lógica legal se opone a que persistan vínculos de derivados
de un matrimonio declarado disuelto.
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