El fondo del problema,
señala el autor, esta en los mismos factores sociales, espirituales
y culturales que perjudican a la familia en general. Christensen
propone algunas soluciones al alcance de las familias mismas.
Los abuelos, dice
Christensen, deben renunciar a la extendida aspiración de
disfrutar de un cómodo retiro lleno de diversiones y de viajes
de placer. Por el contrario, tienen la posibilidad de llenar
los últimos años de su vida con una tarea más útil y satisfactoria:
dedicarse a sus hijos y nietos. A su vez, los padres deberían
tener en cuenta el factor de la proximidad de los abuelos
a la hora de fijar su residencia. Conviene también "apagar
mas a menudo la televisión y el video para que los nietos
puedan escuchar historias narradas por los abuelos". Hay que
hacer un sitio a los abuelos en los planes familiares, para
que compartan con los nietos las vacaciones, los días de fiesta,
y la asistencia a actos de culto. Y, aunque esto suponga un
sacrificio, la familia misma debe ocuparse directamente del
cuidado de los abuelos ancianos, sin recurrir a la residencia
o al hospital salvo cuando no quede otro remedio.
Desde cierto punto
de vista, hoy los abuelos son mas necesarios que nunca. Su
ayuda puede ser especialmente valiosa para los matrimonios
jóvenes que necesitan dos sueldos. Pero los abuelos son mucho
más que una buena guardería: son un eficaz complemento de
la tarea educativa de los padres. Como dice el citado psiquiatra
Kornhaber, "La asignatura que imparte el abuelo no se enseña
en ningún otro sitio".
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