Al margen de si es una imposición o un placer para los mayores, que
abuelos y nietos pasen tiempo juntos puede ser una experiencia muy
enriquecedora para ambas generaciones. Los niños aportan frescura,
curiosidad, espontaneidad afectiva y vitalidad y los mayores serenidad y
un punto de vista más reflexivo.
Y es que en la mayoría de ocasiones, los problemas o tensiones no se
producen entre abuelos y nietos, sino entre abuelos e hijos. Cuando un
padre delega el cuidado de su hijo en sus propios padres o en sus
suegros, debe respetar la forma de actuar de éstos. Al pasar mucho
tiempo con los niños los abuelos educan y su modelo es personal aunque
difiera en las formas del de los padres.
Por ello, es importante que entre las tres generaciones se dé una
relación de respeto, cariño y equilibrio. Así, los padres deben entender
que cuando el niño está con sus abuelos estos son los que ponen las
normas, y los mayores deben intentar educar manteniendo la misma línea
que tiene el menor en su propia casa, para que el niño no se sienta
desconcertado por la contradicción.
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