jueves, 6 de noviembre de 2014

Hoy el tren en que viajo ha hecho escala en una estación importante: la tercera edad.

Muchos niegan haber llegado, por necios. Es un regalo poder arribar a los 60 años. Esta es la etapa de la vida que ha sido reservada a pocos afortunados que lograron vencer hasta ese momento la muerte y las enfermedades. Desafortunados también, porque han perdido a familiares y amigos que quedaron en estaciones anteriores. Si hemos llegado a la edad que otros no pudieron, pues cada día es una ocasión más que especial para vivir mejor y saber adaptarnos.
Lo mejor en esta fase que comienza es que no hay arrugas en el corazón ni en los sentimientos. Lo ideal es envejecer con dignidad, llevar las canas dignidad, como siempre ha dicho mi sobrino trotamundos.
Según estudios científicos, una actitud positiva permite una vida más larga. Se piensa que el pensamiento positivo sobre el envejecimiento aumenta la voluntad para vivir, y hace a la persona más resistente a las enfermedades. Además, el estrés mental respecto al envejecimiento es menor para quienes tienen una actitud positiva.
Así que me he trazado un plan muy positivo, alegre y optimista para que los años no me derrumben, y conocer más nietos, quizás bisnietos, amigos; y sobreponerme a la pérdida de los que tienen que abandonarme en esta trayectoria, que cada vez aumenta en número.

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