sábado, 6 de diciembre de 2014

Tercera edad en Costa Rica

 
Los cambios demográficos ocurridos en Costa Rica en las últimas décadas han tenido y tendrán en el futuro cercano importantes implicaciones que el país debe tomar en cuenta. El descenso del número de hijos que tienen las mujeres y el aumento en la esperanza de vida modificaron de manera
importante la estructura por edad de la población. Este paso de altos a bajos niveles de mortalidad y natalidad tiene repercusiones sobre el peso relativo de los distintos grupos de edad. Al disminuir la mortalidad un mayor número de personas sobrevive hasta edades adultas y un mayor número de personas sobrevive hasta edades avanzadas. Este período de tiempo en que aumenta la población
en edad de trabajar es lo que se ha denominado
bono demográfico y tiene importantes implicaciones en las posibilidades de desarrollo del país. La relación entre quienes están en edad de trabajar y quienes están en edades dependientes cambia favorablemente. Así por ejemplo en 1970 por cada 100 personas en edad de trabajar había otras cien en edades dependientes. Actualmente esta relación es de 48 dependientes por cada cien personas en edad de trabajar.Este primer bono demográfico tiene su origen en que mientras esté aumentando la población en edad de trabajar, lo que ocurre es que hay un mayor aumento de productores efectivos que de consumidores efectivos. Este primer bono produce por
un lado beneficios a los hogares: hay más perceptores  
de ingresos y las familias son en general más
pequeñas. Estos beneficios son los que disfrutamos desde hace casi dos décadas.


 
El segundo bono o dividendo demográfico se origina en el aumento de capital por trabajador que resulta de la acumulación en previsión de las necesidades de consumo en la vejez y la caída de los ingresos laborales. Para que ello ocurra sin embargo, la materialización del segundo dividendo demográfico depende aun más que el primero de ciertas políticas.
Requiere, que las tasas de ahorro se mantengan por
lo menos constantes o, que la propensión a ahorrar
para la vejez se incremente ante la percepción de mejoras en la esperanza de vida.La vinculación del proceso de envejecimiento con las posibilidades de desarrollo del país se basa en consideraciones posibles pero requiere de políticas públicas.Estas políticas, por acertadas que sean, no bastan por sí solas, pues su éxito depende del logro de las personas durante sus años de preparación y de participación en el sistema productivo. En otras palabras, son políticas
que estimulan y hacen posible la previsión a largo plazo
de las personas y de las familias.
Desde el punto de vista del comportamiento, ante la mayor esperanza de vida y el aumento del número de años que se viven después del retiro de la fuerza de trabajo, es de esperar que las personas tomen previsiones y aumenten su ahorro. Es difícil que eso ocurra,sin embargo, en ausencia de un sistema de pensiones sólido o de incentivos para mantenerse en la fuerza de trabajo, particularmente en el caso de las mujeres.







 

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